jueves, 16 de abril de 2009

NUNCA TUVE SUEÑO

El arrebato último fue la otra noche cuando me levanté y vi sombras entre las cortinas de mi cuarto; la calle Valverde me abría las oscuras veleidades de Madrid y no me acordaba de cómo había llegado hasta la ventana.

Sentí un placer inmenso al notar como me rozaban las borlas de fieltro del borde inferior de la cortina.

Ahí concluyó mi noche.
Descubrí que estaba mirando a través de la óptica bifocal de una minolta, ya inexistente, que mi madre me había regalado. Fue ella quien me llamó.

viernes, 3 de abril de 2009

Cambio de género

LA PUERTA ABIERTA

Las cinco y diecisiete de la tarde marcaba el reloj de Don Pedro Romero de Andrés y nunca se supo si había vuelto.

La mañana del seis de abril Román se marchó hacia Verdun en su coche verde, de motor diésel y de unos quince años de antigüedad. Las puertas se cerraban con un pestillo dorado que había pegado con siclicona usando una pistola de inyección que le habían regalado en uno de sus cumpleaños. En Verdun quería comprar dos faisanes para celebrar su aniversario y al final sólo pudo adquirir cuatro perdices de criadero.

Volviendo por la carretera tres cientos venticinco, en dirección a Petrum, su pueblo natal, divisó una cofradía de gente y quiso saber qué y quiénes eran. Aparcó el coche en la vereda y descendió lentamente. Miró impaciente y un poco angustiado descubrió a su tía abuela entre la muchedumbre. Le gritó y no dió signos de escucharlo. Volvió a elevar el tono del chillido y esta vez sí consigió que se diera la vuelta. Se miraron y cruzaron los ojos; eran unos ojos oscuros que estaban hundidos, arrugados hasta dibujar espirales infinitas en las cuencas, qué tan bien recordaba de aquellas tardes de primaveras en el patio de la casa de su abuelo. Vestía Anabela Romero Vestruda un traje negro con cinta de cuadros ajedrecísticos atada a la cintura. El pelo era blanco, puras canas enroscadas sobre sí mismas, describiendo unos rizos muy pronunciados. Para su edad mantenía un cuerpo fibroso y duro que movía ágilmente.

Al llegar cerca de ella le pidió explicaciones sobre la desaparición de su padre, Pedro Romero de Andrés, a lo que contestó Anabela con una simple frase: "Tu padre se fue porque le dejamos la puerta abierta".
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Llevaba tiempo pensando si publicar o no relatitos que tengo en la cabeza y ahora toca, como diría aquél. Es tiempo de un poco de prosa. Disfrútenla.

Cuaderno de escritura, vida y otras cuestiones.